Todo empezó con un pequeño bolso azul

Todo empezó con un pequeño bolso azul

Manos trabajando en el taller

Me lo hice yo misma, con lo que tenía por casa, para asistir a la boda de una amiga. No tenía ningún plan – solo quería un bolso que no existía en ninguna tienda.

Gustó tanto que desde aquel día no pude dejar de crear. Sin saberlo, acababa de hacer el primer Marabara.

Durante años compaginé mi trabajo como ingeniera en una multinacional con la creación de bolsos. Dos mundos muy distintos, pero los dos me enseñaron lo mismo: que la precisión y la paciencia son la base de cualquier cosa bien hecha.

Hasta que un día tuve que elegir.

Los bolsos ganaron.

Trabajo desde mi taller en la sierra madrileña, diseñando y confeccionando cada pieza a mano. Una a una. Con las técnicas que aprendí – calceta, crochet, macramé, cestería – y con materiales que elijo con criterio.

No sigo tendencias. No hago stock. Cada bolso que sale del taller es diferente al anterior, irrepetible – lleva las huellas de quien lo hizo.

Muchos diseños nacen del juego. Elijo un material, lo trabajo, lo doblo, lo tenso – y en ese proceso aparece la forma. No siempre sé adónde voy cuando empiezo. Esa incertidumbre es parte del método.

Me inspira la naturaleza – sus formas irregulares, su lógica orgánica, la manera en que nada es perfectamente simétrico y sin embargo todo encaja. Y a veces me inspira el arte, especialmente el arte textil, que entiende lo que se hace con las manos como un lenguaje propio. Esa idea es la que guía cada pieza Marabara.

Mi ilusión es que encuentres en una pieza Marabara lo que yo busqué en aquel primer bolso azul: algo que no existía en ninguna tienda.

Y con el tiempo entendí que ese bolso que no existía era también una respuesta a algo más grande. A un mundo lleno de objetos que llegan rápido y no dejan huella. Marabara es mi manera de decir que puede ser de otra forma.

Más lenta. Más honesta. Hecha con las manos.